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30 de abril de 2012

LAS NIEVES DEL KILIMANJARO (2011). Robert Guédiguian. Drama. Jóvenes. Estrenos. ***

La crisis económica obliga al sindicato de tra­bajadores de un astillero del puerto de Mar­sella a despedir a un grupo para evitar el cierre. En el sorteo son elegidos un repre­sentante del sindicato y un joven trabaja­dor. Después de una breve incursión en el ci­ne histórico el vetera­no realizador francés ha vuelto a Marsella (epicentro de casi todas sus películas) y a su retrato cos­tumbrista y social. La cinta consiguió la Es­piga de Oro en la pasada edición de la Se­min­ci de Valladolid, una larga ovación del pú­blico y el aplau­so de la crítica: las tres co­sas merecidas. Una conmovedora oda a la solidaridad humana. Fila Siete. (4/5)

Premio Lux de cine del Parlamento Europeo, “Las nieves del Kilimanjaro” confirma la alta calidad de Robert Guédiguian, ya mostrada en películas como “Marius y Jeanette” o “Mi padre es ingeniero”. En esta deliciosa fábula tragicómica, se inspira en el poema “La gente pobre”, de Víctor Hugo; en el “Discurso a la juventud” (Albi, 1903), de Jean Jaurès, y en la popular canción de Pascal Danel. Y, a partir de ellos, exalta de nuevo la familia, la amistad, el compromiso social y la reconciliación frente a la creciente falta de conciencia e ideales de la sociedad actual. Todo ello, magníficamente interpretado. J. J. M. (Pantalla Grande). (8,5/10)


Guédiguian acierta al retratar las consecuencias de la crisis económica. Como es habitual, filma en su Marsella natal, y le da los dos personajes principales a sus dos actores habituales, Jean-Pierre Darroussin y Ariane Ascaride, esposa del realizador. Sin embargo, la película no suena a ya vista, sino que tiene cierta frescura, y mezcla muy bien comedia y drama. Aunque tiene tono de fábula, resulta lo suficientemente realista, y confronta diferentes actitudes ante los problemas. Además, todas las piezas confluyen en un desenlace emotivo, que apuesta por la reconciliación, la comprensión y la confianza en el futuro. DeCine21. (6/10)

2 de enero de 2012

EL HAVRE (2011). Aki Kaurismäki. Drama. Jóvenes. Estreno. ****.

Películas sobre el drama de la inmigración en Europa hay muchas pero como ésta, nin­guna. ¿Y por qué? Porque su director es Aki Kaurismäki y el cineasta finlandés no se parece a nadie más que a sí mismo. Le gusta hacer ci­ne, contar historias con imágenes, y lo hace de una determinada manera que es la única que conoce. En este caso es la histo­ria de un hombre, Marcel Marx, que lleva una existencia tranquila en el pueblecito fran­cés de El Havre, entre su bar, su trabajo de limpiabotas y su esposa Arletty, hasta que se cruza en su camino un menor llegado de África que escapa de la policía y busca refugio. Fila Siete.

Se trata de una deliciosa tragicomedia neorrealista, a lo Frank Capra, en la que el cineasta finlandés vuelve a mostrar sin complejos su decidido vitalismo, delimitado por su confianza en el cariño matrimonial, la solidaridad comunitaria y la providencia misericordiosa de Dios. Y, entre estas sugerentes coordenadas —todas ellas, concreciones del amor—, desarrolla sus conmovedoras reflexiones sobre la inmigración y la necesidad de instaurar socialmente una cultura de la caridad y la acogida. Kaurismäki expone todo eso con su habitual estilo minimalista, sobrio pero lleno de colorido, entre naturalista y naïf J.J. Martín (Cope).


Tenemos sobre todo una historia muy humana, de magníficos y tiernos personajes, que viven al día pero saben desvivirse por amor por los que tienen alrededor. Conmueve el amor de Arletty a su esposo, con qué naturalidad se refiere el director a la fe de los personajes. La generosidad de Marcel para dedicar sus mejores esfuerzos a su inesperado invitado. El empeño de éste por ayudar. Las pequeñas ayudas de unos y otros, algunas inesperadas y que conmueven. Hay momentos ciertamente emocionantes, pero el último tramo de la cinta, el desenlace, demuestra con creces lo gran director que Aki es. DeCine21.

1 de enero de 2012

LA SRA. MINIVER (1942). William Wyler. Drama bélico. Jóvenes. ****. DVD.

La Sra. Miniver no dirige un combate aéreo ni una batalla por mar, pero nos muestra su esfuerzo y el de la población británica por sobrevivir a los bombardeos alemanes. Churchill comentó que la Sra. Miniver ayudó más a Gran Bretaña y fue más vital para la nación que una flota de destructores. ¿Exageraciones de Mr. Churchill? Quizás, pero de lo que no nos cabe la más mínima duda, es de estar ante una de las películas más emotivas de la historia del cine y que la lista de valores que transmite la señora Miniver   -sostén de la familia y de su hogar-   sería interminable: abnegación, caridad, amabilidad, fortaleza, comprensión, solidaridad, generosidad... La película tiene la virtud de conjugar drama con humor, y ofrecía detalles prácticos para la población de entonces, como la del modo de actuar en caso de bombardeo, y el modo de sobrellevar con garbo las penalidades de la guerra.

Ganadora de seis Oscars de la Academia, incluido el de mejor película, se convirtió en uno de los films míticos de los años cuarenta y consiguió levantar la moral del pueblo inglés mientras se enfrentaba al terror de la 2ª Guerra Mundial. Greer Carson, actriz británica recién llegada a Hollywood, obtuvo el Oscar a la Mejor Actriz por su papel protagonista de Kay Miniver, una mujer de espíritu inquebrantable que mantiene el tipo en todo momento y, cuya generosidad, empuja a los demás a dar lo mejor de sí mismos. Mientras Hitler sembraba destrucción, odio y sufrimiento, Miniver era capaz de aunar voluntades en pos del bien común.


América estaba en guerra y los Oscar de ese año fueron una especie de "hermanación" entre las fuerzas armadas y el mundo del cine. La contienda bélica estuvo presente en todo momento pero, al margen de ello, un caso curioso fue el de la actriz Teresa Wright, que fue nominada en dos categorías: como Mejor Actriz Principal por El orgullo de los yankis, y como Mejor Secundaria, por la Sra. Miniver; haciéndose finalmente con la segunda.

Fuentes: Cine para Educar (Belacqva), DeCine21, Enciclopedia ilustrada de los Oscar (Notorius ediciones) y Warner Home Video Española S.A.

15 de enero de 2011

De Dioses y Hombres (2010). Xavier Beauvois. Drama. Jóvenes.

Un monasterio en las montañas del Magreb en los años noventa. Ocho monjes cistercienses viven en perfecta armonía con la población musulmana. Un grupo de fundamentalistas islámicos asesina a un equipo de trabajadores extranjeros y el pánico se apodera de la región. El ejército ofrece protección a los monjes, pero estos la rechazan. ¿Qué deben hacer? ¿Irse, quedarse? A pesar de la creciente amenaza, empiezan a darse cuenta de que no tienen elección y deben quedarse, pase lo que pase. La película se basa a grandes rasgos en la vida de los monjes cistercienses del Tibhirine, en Argelia, desde el año 1993 hasta su secuestro en 1996. CINEMANET.

Sin duda, una de las mejores películas de la última década y digna heredera de otros grandes filmes franceses de honda espiritualidad católica, como Diálogos de carmelitas, Diario de un cura rural, Thérèse, Adiós, muchachos, Tres colores: Azul y Rojo, Ponette, El gran silencio, Vete y vive, La escafandra y la mariposa o Lourdes. En el Festival de Cannes 2010, la película ganó el Gran Premio del Jurado y el Premio Signis de la Asociación Católica Mundial para la Comunicación, y ahora representa a Francia de cara al Oscar al mejor filme en lengua no inglesa. J.J.Martín, COPE.


La película de Beauvois ignora el aspecto cruento de la masacre y se remonta a los antecedentes, a la vida de la comunidad cisterciente en los meses previos al secuestro. Y lo que nos muestra, con una puesta en escena deliciosa, es una vida marcada por la oración, la liturgia y el trabajo. Alfa y Omega.

La realidad es que "De dioses y hombres" es un equilibrado ejercicio de descripción, reflexión y ritmo: descripción minuciosa de la actividad monacal; reflexión sobre las creencias, los principios, el fanatismo, el integrismo y el sentido del deber y su cumplimiento y, por último, un ritmo apropiado... ABC.

De entrada, no me apetece ver retratos de gente ataviada con sotanas (aunque lógicamente me conmuevan los inolvidables curas de Adiós, muchachos y Roma, ciudad abierta). Sin embargo (...) El director Xavier Beauvois cuenta admirablemente (...) no hace trampas en esta fábula moral, no fuerza el sentimentalismo, nos hacer entender profundamente (...) sales conmovido con la historia de estos religiosos. Palabra de agnóstico." El País.

Más información en Decine21.
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