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22 de septiembre de 2013

RUSH (2013). Ron Howard. Biográfico. Jóvenes-adultos. Estreno. ***

En 1976 el mundo de la Fórmula 1 vivió uno de los duelos deportivos más recordados de la historia. Dos pilotos descollaban sobre el resto.  Por un lado, James Hunt, británico, de actitud chulesca, amigo de fiestas y de mujeres, impulsivo hasta la imprudencia en carrera; por otro, Niki Lauda, austriaco, calculador, metódico y de vida ordenada, un genio en la estrategia en pista y en la puesta a punto de su bólido. El título de campeón del Mundo estaba completamente abierto...Vibrante film deportivo que recrea el mundo de las carreras en los años 70 del siglo pasado, pero que va más allá del puro deporte... DeCine21. (7/10)

Tras unos cuantos años en baja forma, el estadounidense Ron Howard ofrece en “Rush” un intenso drama humano y deportivo, asentado en el sólido guión de Peter Morgan. Su radiografía de la peligrosa obsesión por ganar de Hunt y Lauda, y del respeto mutuo que acaba generando, no tiene demasiado calado moral, pero resulta incisiva en la definición de personajes, sustancial en el desarrollo de sus conflictos y chispeante en varias réplicas y contrarréplicas. Por su parte, Howard despliega una brillante puesta en escena hiperrealista. El único defecto grave es su sórdido y explícito tratamiento del sexo, que limita absurdamente su público potencial. J. J. M. (Cope). (6,5/10)


Me parece que el tema de Rush es interesante y atractivo pero el tratamiento es un poco ridículo, en buena medida porque Ron Howard es un director muy limitado, al que la historia le viene grande y no sabe qué hacer para rellenar metraje. Me explico. Hunt y Lauda son -en la película- dos monigotes y sorprende que Peter Morgan, tan diestro otras veces caiga en la caricatura simplificadora. El diseño de producción es bueno, la foto virada del gran Dod Mantle también. La música, simple y bucanera, como casi toda la reciente de Hans Zimmer. El montaje muy mejorable. El casting acertado pero el guión no permite a los solventes actores hacer grandes cosas... Fila Siete. (3/5)

26 de noviembre de 2012

GOLPE DE EFECTO (2012). Robert Lorenz. Drama Deportivo. Jóvenes. Estreno. ***

Robert Lorenz lleva casi toda su vida profesional al lado de Clint Eastwood y, dice el actor, muchas veces hablaron del día en que se pondría a dirigir. Ese día llegó y Eastwood se puso a sí mismo y su productora a sus órdenes. Conviene decir que se trata de una película de Lorenz, no de Eastwood, en la que cuenta una historia sencilla y humana, no una de épica deportiva tipo Million Dollar Baby, ni siquiera, aunque se le pueda ver algún parecido, tipo Moneyball; se trata de la historia de un padre y una hija que quieren reencontrarse, y no les resulta fácil, y el beisbol es el telón de fondo... Fila Siete (3,5/5)

“Golpe de efecto” está en la línea de evolución hacia el optimismo del último cine de Clint Eastwood. Un optimismo que, sin ocultar los traumas de los personajes —algunos, muy fuertes—, encuentra razones de esperanza en la capacidad redentora del amor, de la apertura generosa a los demás, tanto en el ámbito familiar como en el afectivo. Todo ello, cuestionando con inteligencia y buen humor la moral individualista y materialista del triunfo a cualquier precio, y elogiando la dimensión social del trabajo bien hecho. Muy en la línea de Moneyball, otra buena película reciente sobre béisbol. No son pocos alicientes para los tiempos que corren. J. J. M. (Cope). (7/10)

En algunos aspectos la trama es políticamente incorrecta para la cultura dominante, pues exalta la veteranía frente a la juventud arrogante, las oportunidades en la tercera edad, o hace bromas con ciertas comidas que bastantes “expertos” considerarían poco saludables. De todos modos, que nadie piense que Golpe de efecto es una película autocomplaciente con la ancianidad, pues muestra cómo manías y rarezas se acentúan, y entre los jóvenes no deja de mostrar algunos muy válidos... Pero sobre todo domina la idea de que en esta vida, por muy modernos y tecnológicos que seamos, hay que saber ver en los demás personas... DeCine21. (6/10)

23 de abril de 2012

SOUL SURFER (2011). Sean McNamara. Drama deportivo Jóvenes. Estreno. ***

Bethany Hamilton nació para estar en el agua, eso le dijeron y eso creyó toda la vida. Hawaiana e hija de surferos, apenas levantaba un palmo cuando se subió por primera vez a una tabla de surf. A los 13 años se disponía a competir por el título nacional, pero antes de poder hacerlo un tiburón le arrebató un brazo. Estuvo a punto de morir, pero poco después volvía a cabalgar las olas a bordo de una tabla. La historia emocionó y conquistó al público. Sean McNamara dramatiza estos hechos. Una película de superación personal y deportiva, un género predilecto del cine norteamericano. Fila Siete. (5/10).

La película es narrativamente convencional, muy clásica, y funciona correctamente, sin abusos melodramáticos, y sin recreaciones “gore”, ni siquiera en el ataque del tiburón. Nos brinda unas magníficas escenas de surf dignas del National Geographic. La cinta recrea esta historia de fe y superación. Tiene un tono muy comercial, y es muy americana, sin embargo tiene un aire de autenticidad y frescura que la hace amable, creíble y entrañable. El retrato que hace de la familia es muy positivo, una familia unida en la fe, leal y respetuosa con la libertad de sus miembros. J. O. Pantalla Grande. (7/10)


Sean McNamara tenía todas las papeletas para rodar un film convencional y plano, pues recoge todos los clichés del género de superación personal y triunfo ante la adversidad. Sin embargo, ha logrado una de esas películas con cierto encanto, por diversos detalles como por ejemplo que describe una sana relación entre la familia Hamilton, quizás un tanto utópica, pero bastante creíble. Se trata también el valor de la fe de la protagonista como apoyo fundamental a la hora de enfrentarse a la desgracia y seguir adelante. Acierta McNamara al narrar con elegancia y contención la parte más escabrosa. DeCine21.

4 de julio de 2011

WIN WIN, GANAMOS TODOS (2011). Thomas MacCarthy. Tragicomedia. Jóvenes. ****. Estreno.

Win Win se centra en Mike Flaherty (Giamatti), un abogado sin demasiada suerte en su trabajo, cuyo tiempo libre lo dedica a entrenar a los muchachos de una escuela de lucha libre. Todo cambiará cuando asuma la tutela de un viejo cliente con la esperanza de mantenerse a flote y sacar de apuros a su familia. Cuando el nieto adolescente de su cliente, toda una promesa deportiva, escapa de casa y toca el timbre de su abuelo, la vida de Mike dará un giro completo, ya que su apuesta ganadora se antojará mucho más compleja de lo que esperaba. Win Win destaca por su humor, ternura, realismo y desbordante humanidad. CINEMANET

Sobresaliente película. McCarthy vuelve a dar en el centro de la diana con Win win, una película muy difícil, que puede parecer fácil pero que de fácil no tiene nada. Aunque discurra con una pasmosa facilidad desde el magistral plano de apertura. Les podría decir de qué va Win win, pero no. ¿Para qué? Es tan hermoso encontrarse a ciegas con las historias de McCarthy y dejar que los atribulados Patricia Clarkson, Richard Jenkins o Paul Giamatti te lleven de la mano dejándote vivir su vida con ellos, durante hora y media, con un sentido del humor estupendo y una emoción que nunca es sensiblera. Fila Siete.


McCarthy se consolida como una de las voces más sugestivas del cine independiente “made in USA” con “Win Win (Ganamos todos)”, deliciosa tragicomedia en la que vuelve a exaltar la unidad familiar y el cariño en las relaciones conyugales, paternofiliares y de amistad, como principal recurso frente a la crisis económica y a la deshumanización del individualismo materialista. Incluso, esta vez elogia la religiosidad de la familia protagonista —que acude los domingos a la iglesia— como uno de los cimientos de su solidez moral. Logra que todas esas reflexiones conmuevan al espectador gracias a un guión sensacional, en el que el drama, la comedia y la épica deportiva se entrelazan en sorprendente equilibrio... JJ Martín, Cope.

Más información en DeCine21.

31 de mayo de 2011

SENNA (2010). Asif Kapadia. Documental. Jóvenes. ****. Estreno.

Ayrton Senna (1960-1994), piloto brasileño de Fórmula 1, fue campeón en 1988, 1990 y 1991. Quedó segundo en 1989 y 1993, por detrás del que siempre fue su gran rival y durante años compañero de equipo en McLaren, el francés Alain Prost. Senna murió en 1994 en un accidente en el circuito de Imola, disputando el gran premio de San Marino.  El londinense Asif Kapadia cuenta de manera muy amena y emocionante la trayectoria deportiva de un gran campeón... una historia que resulta apasionante, tanto para los muy aficionados a las carreras de coches como a los que no lo somos. Fila Siete.

Este espléndido documental, sin ocultar los defectos del mítico piloto brasileño, le rinde homenaje subrayando su constante defensa del auténtico espíritu deportivo —frente a lo que él denominaba “la política del deporte”— y elogiando su capacidad de superación y su profunda visión cristiana de la vida, que solía exponer con gran naturalidad y que intentaba aplicar en todo momento. Estas coordenadas aportan una gran profundidad a la película, que trasciende su condición biográfica para convertirse en una certera reflexión sobre el verdadero sentido del deporte y, en general, del trabajo bien hecho... JJ Martín, Cope.


Kapadia goza de material exhaustivo, tremendamente valioso tanto en las espectaculares secuencias que tienen lugar en los grandes premios como en el metraje casero que filma a Senna en su intimidad, o el televisivo que introduce la dimensión mediática en las declaraciones post-carrera —estimables apuntes que el director dirige hacia una tesis sobre la interferencia de la política en el deporte— o sugiere el romance con la presentadora de televisión Xuxa. “Senna” tampoco escatima en la elaboración de una mirada más desconfiada hacia el mito, el lado menos amable y más visible en los desencuentros con Alain Prost... La Butaca.

Más información en DeCine21.

9 de marzo de 2010

INVICTUS (2009). Clint Eastwood. Drama deportivo

Creo que Invictus no defraudará a nadie. Clint Eastwood no es ningún mito. Es un maestro en el arte de contar historias a través del cine, a la altura de los más grandes cineastas de todos los tiempos. En los últimos años no dejaba de sorprendernos película tras película. Sin embargo, no eran historias fáciles; me estoy acordando de Cartas desde Iwo Jima o de Million Dollar Baby. Ahora, con Invictus, culmina la línea apuntada en Gran Torino y sí podemos hablar de un director para todos los públicos. Seguramente no esté a la altura de las anteriormente citadas y de otras que nos hemos dejado en el tintero, pero es una historia que puede llegar perfectamente a todo el mundo. Una historia épica, emotiva y cargada de valores, en la que quizás abuse un poco de escenas deportivas particularmente efectistas. Pero esto es un defecto menor y probablemente sólo disuada a los más recalcitrantes enemigos del deporte.

Invictus está basada en el libro de John Carlin, El factor humano, que en España está editado por Seix Barral. Es un relato sobre la inteligencia con que Nelson Mandela supo captar la capacidad del deporte para superar divisiones y aglutinar a un país dividido en torno a la enseña nacional.

Después de más de veinte años en prisión, cuando Mandela es puesto en libertad, pone en práctica su programa largamente meditado durante veintisiete años sin más horizonte que una diminuta celda y trabajo diario en la cantera. El país –Sudáfrica- está al borde de la guerra civil. Tantos años de apartheid –un sistema legal basado en segregar cuidadosamente a los ciudadanos según el color de su piel-, han sembrado de odio el corazón de unos y de otros. No hay motivo ni razones para la esperanza. La venganza se enseñorea del alma de los sudafricanos. Pero hete aquí, que no todos son de la misma opinión. Hay quien piensa que la reconciliación es posible, y conseguirlo pasa por hacerse con el poder democráticamente. ¡Qué diferencia con quien no ve el escaño más que como un peldaño hacia el estrellato personal y la glorificación del propio ego!


Cuando Mandela gana las elecciones y se convierte en Presidente de Sudáfrica después de tantos años de odios e injusticias, unos creen llegada su oportunidad de tomarse la revancha  tan largo tiempo soñada, otros temen las represalias. Pero nada de esto ocurrirá. El día que el nuevo Presidente toma posesión del edificio presidencial, asistimos a una procesión de funcionarios blancos desalojando despachos y empaquetando pertenencias. La estampida es generalizada. Parece que la cosa va a seguir como siempre, sólo que ahora serán los negros quienes asuman el mando y a los blancos les tocará aguantar. Nada más alejado de la realidad. Mandela convoca al personal que todavía no se ha largado, y les dice que cuenta con ellos, que los necesita, que África requiere el compromiso de todos los africanos. Este es el comienzo de una historia cuyo guión aún no estaba escrito. Se escribiría día a día, a golpe de inteligencia y humanidad, de respeto y generosidad, de perdón y reconciliación. No será fácil, pero el hombre es dueño de su propio destino y capitán de su alma. El futuro de cada cual, digno o indigno, se juega diariamente en la cancha de la libertad personal.

La película, formalmente, es impecable. Los principales intérpretes, Morgan Freeman en el papel de Mandela y Matt Damon en el de capitán de la selección nacional de rugby, hacen muy bien su trabajo. Tiene escenas deportivas muy espectaculares, aunque hay quien considerará que Eastwood abusa un poco de ellas, así como del tono melodramático de muchas situaciones. La banda sonora es magnífica y la historia está muy bien contada. No obstante, a mi modo de ver, lo más importante de la película está más allá de estos aspectos puramente técnicos. Lo fundamental, está en la inequívoca llamada al perdón y la reconciliación, al auténtico sentido de la libertad como motor de desarrollo personal, a la gratitud, a la capacidad de salir delante en cualquier situación tomando las riendas del propio destino. Además, el director, sortea inteligentemente el riesgo de mitificar al personaje, aprovechando una conversación intrascendente entre un escolta y el presidente, donde parece apuntar que no todo en su vida ha sido acertado. Es más, quizás haya fracasado en un ámbito tan fundamental como es el familiar. De todas formas, Eastwood se conforma con apuntarlo levemente, sin hurgar en este aspecto de la vida del protagonista.

Invictus es una bonita y emotiva película que deja al espectador pegado a la butaca y tarda en abandonar la sala mientras se recrea con la música y los créditos finales.

Ver ficha técnica completa en decine21.com

19 de febrero de 2010

INVENCIBLE. Ericson Core. Drama deportivo. Jóvenes

Invencible está basada en la historia real de Vince Papale, un hombre que no tenía nada que perder y desafiando a lo establecido consiguió hacer su sueño realidad.

Papale es un fracasado de 30 años, que malvive como profesor sustituto y camarero a tiempo parcial, que juega al fútbol con sus amigos y es un hincha fiel del equipo de la ciudad.

Cuando pierde su empleo de profesor, su mujer lo deja plantado tras algunos años de matrimonio. Entonces la vida de Vince pasar a girar en torno al bar de su amigo Max, donde trabaja, y donde se reúne con sus colegas y charlan sobre fútbol. Es curioso observar cómo el deporte puede servir de válvula de escape cuando las cosas van mal.

La historia arranca cuando el nuevo entrenador del equipo de fútbol local de Filadelfia decide hacer una jornada de puertas abiertas a la que puede presentarse cualquiera que quiera intentar entrar en el equipo. Con ello pretende encontrar un nuevo fichaje que aporte frescura al conjunto, que arrastra una temporada de resultados negativos. Todo el mundo piensa que es una pérdida de tiempo y que será imposible encontrar a alguien tan bueno como para jugar en una liga profesional. Contra todo pronóstico Papale, que ni siquiera había jugado en el fútbol universitario, consigue superar la prueba y alcanzar el sueño de cualquier aficionado: pasar del asiento más barato de la grada al campo como jugador profesional.


Aunque la película ha sido calificada por la crítica como sentimental, tópica y recurrente, tuvo bastante éxito en Estados Unidos, donde el fútbol americano despierta pasiones. Esto demuestra que el público acude en masa cuando se le presenta un producto digno, bien elaborado -espectaculares secuencias deportivas- y positivo. ¿Que el argumento está muy visto? Bueno, y... ¿qué más da? ¿No está vista, acaso, la vida cotidiana de millones y millones de personas en todo el mundo? ¿Resta ello algo de valor a sus vidas? Con esto quiero romper una lanza en favor de películas como ésta, que no tienen más pretensiones que entretener al espectador con un producto de calidad, de buen gusto y que, en un momento determinado, puede ayudar a encarar el presente con optimismo.

Resulta bastante positiva la forma de presentar a los amigos y a la familia -cada vez más reducida-, como los asideros naturales en los que encontrar un apoyo sólido que nos permita relanzar nuestra existencia.

Cuenta con un buen reparto, encabezado por Mark Wahlberg y Greg Kinnear, a los que hemos visto en películas como El Incidente, Shooter, Pequeña Miss Sunshine o Mejor... imposible. La fotografía, en tonos ocres, también está a buen nivel y las estampas que muestra del barrio donde se desarrola la vida de Vince y sus amigos ayuda a situar la historia en su contexto, mediados de los años 70 en una Filadelfia deprimida por el paro. Sin duda un buen trabajo de Ericson Core en su debut como director.

Año de producción: 2006. País: Estados Unidos. Director: Ericson Core. Intérpretes: Mark Wahlberg y Greg Kinnear. Público: Jóvenes. Género: Drama deportivo. Más información: decine21.com.

3 de noviembre de 2009

ROCKY BALBOA

Sylvester Stallone

DRAMA DEPORTIVO


Entrañable, emotiva y emocionante película sobre segundas oportunidades, sobre la riqueza y posibilidades de la madurez.

Hace treinta años era un hombre sin futuro, trabajando para un tiburón de poca monta en el lado sur de Filadelfia. Cuando una suerte inesperada le dio la posibilidad de saltar al ring para batirse con el campeón reinante, Apollo Creed, fue la oportunidad de su vida que no quiso dejar pasar. Su valor y su perseverancia, tanto en la vida como en el cuadrilátero, le hicieron superar el desafío y sembrar esperanza en multitud de corazones.

Ahora la gloria ha pasado y Rocky Balboa, el que una vez fuera el Potro italiano, pasa sus tardes contando historias a los clientes de su restaurante, Adrians, llamado así en memoria de su mujer. Su hijo, no quiere perder el tiempo con él; está demasiado ocupado en tratar de vivir su propia vida. Los años y los golpes han hecho humilde a Rocky, han deformado sus puños, han encorvado sus hombros y se han llevado todo lo que le quedaba, excepto sus viejas batallas.

Añora a su esposa, fallecida de cáncer, y aquellos tiempos de gloria y cuadriláteros; hasta el punto de plantearse volver a pelear por puro divertimento en combates de segunda. Sin embargo, cuando en un programa de televisión enfrentan en combate virtual a Rocky y Mason Dixon, actual campeón, con el apoyo de un sofisticado sistema informático, las especulaciones se desatan y el agente de Dixon ve la oportunidad de montar un espectáculo único y multimillonario.


A priori, podría parecer que esta película es puro oportunismo, una muestra más de la falta de imaginación y del afán lucrativo de la industria cinematográfica norteamericana. Sin embargo, como ha ocurrido posteriormente con Indiana Jones, la historia tiene su interés, no limitándose a estirar, aún más, las posibilidades comerciales de una saga que parecía ya enterrada hacía mucho tiempo.

Me imagino que Stallone habrá considerado el aspecto comercial del asunto. Nada que objetar; al fin y al cabo vive de ello; pero al menos se ha esforzado en presentar una historia mínimamente humana, que se sigue con agrado, emociona y permite cierto desahogo nostálgico. Parece como si Stallone sintiera la necesidad de reivindicar la madurez, de llamar la atención sobre las posibilidades que ofrecen esos años -entre los 60 y los 70- en que la fuerza física puede estar algo mermada, pero la madurez mental y afectiva ofrece nuevas oportunidades de enriquecimiento personal y de servicio a los demás. No satisface refugiarse en el pasado conformándose con un presente sin metas ni objetivos que ilusionen. Eso es tanto como capar la propia existencia. Cada etapa de la vida puede ser escenario de fecunda alegría de vivir. Basta mirar a nuestro alrededor con cariño, para descubrir corazones ansiosos de esperanza a los que aportar un rayo de luz.

Año de producción: 2006. País: Estados Unidos. Dirección, guión e interpretación: Sylvester Stallone. Público apropiado: jóvenes. Género: Deportivo, Drama. Leer crítica decine21.com
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