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9 de septiembre de 2011

BANDERAS DE NUESTROS PADRES (2007). Clint Eastwood. Bélica. Jóvenes. ****. DVD.

Junto con Cartas desde Iwo Jima, Banderas de nuestros padres completa la mirada cinematográfica de Clint Eastwood sobre la decisiva batalla de Iwo Jima, momento clave de la Segunda Guerra Mundial. En esta ocasión, el director nos ofrece la visión desde el lado estadounidense de la contienda. Aunque según la crítica no está tan conseguida como Cartas..., no por ello es menos interesante, pues con el telón de fondo del conflicto bélico ofrece una reflexión sobre la condición humana, el heroísmo, la honradez, la manipulación mediática y el racismo.

Su esmerada fotografía es digna de mención, pero no podemos afirmar que sea un producto totalmente redondo, pues su narrativa, un tanto embrollada, puede dificultar el seguimiento de la trama por parte del espectador. Está basada en un libro escrito por James Bradley y Ron Powers, el primero hijo de un veterano de aquella mítica batalla. Más que un simple pasatiempo, producido por Steven Spielberg. 

Clint Eastwood se vio atraído inicialmente por el proyecto después de leer el Best-Seller 'Flags of our fathers' de James Bradley y Ron Powers. "Existen numerosas tramas. Y esto es lo que hace interesante al libro", comenta Eastwood. "Y, por supuesto, la famosa fotografía tomada por Joe Rosenthal de la AP. Había algo en la fotografía. Nadie sabe muy bien lo que es, excepto que son hombres haciendo un trabajo. Probablemente así es como se vieron a sí mismos los hombres de la foto. Pero en 1945, esto simbolizó el esfuerzo de la guerra. Como contrapunto a una de las batallas más sangrientas de la guerra, la imagen simbolizaba lo que estaba en juego. Aquello por lo que estaban luchando. Y luego, cuando descubres lo que les ocurre a estos hombres y cómo son sacados de la batalla y devueltos a casa para iniciar unas giras destinadas a recaudar fondos para financiar la guerra, te quedas con una serie de emociones muy complejas".

Banderas de nuestros padres revela la batalla de Iwo Jima a través de los ojos de uno de los "izadores de la bandera". Además de contar la historia del viaje de un hijo para descubrir qué papel jugó su padre en la famosa fotografía de la AP.

Más información en Decine21. Otras fuentes:  Fila Siete, TELEVIDEO familiar y Web oficial del film.

23 de marzo de 2011

BANDERAS DE NUESTROS PADRES (2006). Clint Eastwood. Bélica. Jóvenes. ****. DVD.

Existen muy pocos directores en activo que puedan permitirse el lujo de realizar consecutivamente dos películas sobre el mismo tema. Clint Eastwood contempla la célebre batalla de Iwo Jima desde los dos lados del conflicto. Para los americanos se convirtió en todo un símbolo gracias a la famosa foto de los soldados colocando la bandera. Era necesario tratar aquella foto como una operación de marketing para vender bonos de guerra. Eastwood se las apaña para lograr un interesante díptico que muestra no sólo dos modos de entender la guerra. Es también una reflexión sobre la condición humana, el honor, el heroísmo y la honradez. Televídeo familiar.

Banderas de nuestros padres 'tiene' el inconveniente de que gran parte de la crítica internacional y de la Academia de Hollywood prefiere las Cartas desde Iwo Jima (2007) -la misma historia desde el enfoque nipón-. Sin pretender meterme aquí a debatir cual de las dos películas es mejor, sí creo que es interesante volver a ver esta gran película para reconocer que tiene momentos de un cine enorme que tal vez en el momento del estreno fueron infravalorados (quizá porque el trailer era brillantísimo y a Eastwood y a su guionista Haggis se les pide matrícula de honor en cada secuencia). Fila Siete.


En esta matizada aproximación, no propiamente pacifista ni patriótica, asistimos a un análisis sobre la ficticia construcción del héroe, algo necesario en una sociedad que atravesaba momentos de guerra donde se precisaba esperanza y también fondos para llevarla a término. Eastwood dirige su mirada hacia toda la maquinaria de propaganda que entonces se puso en funcionamiento buscando una implicación social y financiera en la empresa, incluso a costa de la verdad (...) Nos quedamos con el magnífico tratamiento fotográfico y de planificación para cada una de las secuencias. La Butaca.

Más información en decine21.

13 de junio de 2010

EL CÓNSUL PERLASCA (2002). Alberto Negrín. Drama. Jóvenes.

Budapest, en plena ocupación nazi. Los judíos son buscados, detenidos y enviados a campos de concentración o de exterminio.

Giorgio Perlasca, antiguo excombatiente en la Guerra Civil Española a las órdenes del General Franco, recibió al licenciarse, como muestra de agradecimiento, un salvoconducto que podría hacer valer como de carta de presentación ante cualquier Legación española en el mundo. Y efectivamente, este ciudadano italiano, lleno de audacia y generosidad, hizo uso de tales prerrogativas en beneficio de víctimas inocentes del terror nazi.

En esta película hay un personaje que brilla con luz propia, Giorgio Perlasca, hombre de negocios italiano, circunstancialmente en Budapest en un momento en que los judíos eran víctimas de una dura represión. Había combatido como voluntario en la guerra civil española, movido por su íntima repulsa de la persecución a que estaba siendo sometida la Iglesia Católica. Esto ya nos da una idea del carácter de este hombre. Nada tenía que ver con aquél lejano conflicto, pero su sentido del deber y la responsabilidad le empujaron a luchar por defender al débil y la justicia. Como agradecimiento a su participación, había recibido un salvoconducto firmado por el mismísimo generalísimo Franco y que podría utilizar en beneficio propio en caso de necesidad. Pues bien, cuando se percata de la situación crítica que atraviesan los judíos en Budapest, no duda en utilizar el documento en favor de aquellas personas. Giorgio Perlasca es una persona de aspecto corriente, que podría pasar desapercibido con facilidad, pero a medida que lo vamos conociendo es tal el cúmulo de virtudes que atesora que, poco a poco, el espectador va quedando fascinado por la bondad y valentía que dejan translucir sus acciones. Su espíritu audaz está hondamente arraigado en la fortaleza y va acompañado de una generosidad sin fisuras, de una valentía asombrosa, de una constancia a prueba de “bombas” y de una responsabilidad propia de un espíritu libre y formado.

Giorgio Perlasca, es testigo de la persecución sufrida por los judíos húngaros en los momentos finales de la Segunda Guerra Mundial. Nuevamente la guerra como telón de fondo de actitudes heroicas. Contempla las atrocidades cometidas con seres humanos inocentes y, consciente de sus posibilidades, decide hacer todo lo posible por salvar a los que pueda. Sabe perfectamente que no podrá hacerlo con todos y que el riesgo será grande, poniendo en juego su propia vida, pero no puede quedarse cruzado de brazos y decide luchar. Sin embargo, no se trata de ningún insensato, pues tiene en su mano determinadas bazas que, convenientemente utilizadas, podrían dar sus frutos.


La actitud del “cónsul” está lejos de la cobardía pero, ¿no cabría tildarla de temeraria, al poner en serio aprieto su propia supervivencia? Es cierto que por momentos parece que así sea, pero no cabe duda de que no se mueve por llamar la atención, ni se considera un superhombre. Toda su actuación es fruto de la reflexión y parece poner en práctica aquello de que “nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Su vida es lo más valioso que tiene, pero la pone en juego precisamente para salvar otras. Y lo logra.

Junto al “cónsul”, el abogado Vargas, es un hombre de indudable atractivo. Toda la labor de aquél no habría sido posible sin la colaboración de este hombre humilde y valiente, que comprende rápidamente quién es el líder y se pone a su servicio sin afán de protagonismo. Es un hombre sabio y prudente, perfecto contrapeso de la impulsividad de Perlasca.

Como no podía ser de otro modo, en esta película las antipatías son patrimonio exclusivo de los oficiales alemanes y de algún que otro militar húngaro. Vistos en conjunto, son la antítesis de lo que entendemos por personas de bien. Así, vemos comportamientos corruptos, doble moral, desprecio por la vida y los sentimientos de los adversarios, crueldad innecesaria, espíritu de venganza, sadismo, injusticia… y un largo etcétera.


El Cónsul Perlasca es una película de indudable valor histórico. Es muy interesante su valor testimonial y, al mismo tiempo, un merecido homenaje a las personas que en situaciones difíciles arriesgan su vida por los demás. Viene bien recordar la situación a la que puede llegar una sociedad claudicante y dominada por la comodidad o el miedo. El bien común y el respeto que toda persona merece se va fraguando en el día a día de cada ciudadano. Es muy difícil, al menos en nuestro entorno, que un estado pueda avasallar a un sector de la ciudadanía si no se da una complicidad, aunque sea por omisión, de la gran mayoría del pueblo. Conviene recordar que una sociedad democrática pierde su esencia y se corrompe, cuando olvida que la soberanía popular tiene un límite que no debe sobrepasar, el respeto a la ley natural y a la dignidad de todo
ser humano.

En un momento en que domina la cultura de lo fácil y lo cómodo, donde el esfuerzo ha sido desterrado del lenguaje cotidiano y se impone la soberanía del “yo, ya”, la visión de una historia como ésta, basada en hechos reales, puede servir de desperetador y de concienciación de la responsabilidad que todos tenemos ante el sufrimiento ajeno. No podemos permanecer indiferentes y cada uno, en su ambiente y según sus posibilidades, puede y debe contribuir a ir forjando un mundo más justo, sin descargar nuestra conciencia y responsabilidad en quienes ostentan el poder.

El Cónsul podría haber abandonado su empresa sin haber llegado hasta el final. Las circunstancias eran tan difíciles y los frutos cosechados tan magníficos, que sobraban motivos para darse por satisfecho. Nadie podría, jamás, haberle reprochado nada. Sin embargo su conciencia, rectamente formada, a la que no podría engañar jamás, hizo que no claudicara y consiguiera arrastrar a otros a una vida más comprometida con los demás.

Destaca la música de Ennio Morricone y su estilo realista, aunque le pesa un poco el haber sido concebida como miniserie televisiva.

Más información en decine21.com

1 de junio de 2010

GALLIPOLI (1981). Peter Weir. Drama bélico.

Gallipoli es una aleccionadora historia de amistad entre dos jóvenes australianos, Archy y Frank, que se ven inmersos en el sinsentido de la Guerra, concretamente de la I Guerra Mundial.

Archy es un joven alegre y noble con un don especial para correr; es muy rápido, hasta el punto de lograr igualar la marca de un famoso atleta de su país. Trabaja en una finca familiar, donde lo entrena su propio tío con métodos rudimentarios, pero eficaces. Sobre todo trabaja en el joven la determinación y la confianza en sí mismo, de los que echará mano en el futuro. Sin embargo, hay algo que le inquieta: el mundo está en guerra y, aunque no está obligado a combatir, cree que debe hacerlo. Es de los que piensan que un mundo mejor requiere que todos arrimen el hombro.

Frank, por el contrario, no tiene tan claro que tenga que sacrificar su vida por una disputa que no le afecta personalmente. De alma noble e igualmente dotado con unas piernas muy veloces, es menos idealista que Archy pues, probablemente a causa de su desarraigo familiar, parece más preocupado de ganar dinero y prosperar a cualquier precio.

A pesar de tener temperamentos tan diferentes, surge la amistad entre ellos a raíz de enfrentarse en una carrera. Esta amistad será un poderoso acicate para Frank, pues la atractiva personalidad de Archy ejercerá una poderosa influencia sobre él, hasta el punto de seguir a éste y enrolarse en la Infantería australiana que entrará en combate contra los turcos en la heroica batalla de Gallipoli.


Aunque a medida que avanza la película el papel de Frank, muy bien interpretado por Mel Gibson, va en aumento, si consideramos la historia desde el punto de vista de la Fortaleza, es para nosotros Archy el protagonista indiscutible. Este joven muestra desde el primer momento una actitud inquebrantable en el cumplimiento del deber. En la primera escena lo vemos entrenándose física y mentalmente para ser cada vez más rápido. Después cede a una chiquillería y se enfrenta a un vaquero en una desigual carrera en la que debe correr descalzo. Afronta el sufrimiento que puede causar en la familia su alistamiento, no cede cuando es rechazado por la Caballería, camina 50 kilómetros a través del desierto para intentarlo nuevamente en Perth… Esta constancia en el cumplimiento de lo que cree su deber en cada momento va forjando un hombre fuerte que, cuando lleguen momentos dramáticos, será capaz de afrontarlos con serenidad y esperanza.

Frank, por el contrario, se nos presenta como un joven poco dado al compromiso. Cuando sus compañeros de trabajo deciden, al igual que Archy, enrolarse en el ejército, él aprovecha la ocasión para dejar la tarea que tiene entre manos y partir en busca de fortuna. Sin embargo, tiene la suerte de conocer Archy y como, aunque pillo, tiene un fondo de nobleza, reacciona bien cuando es derrotado por aquél en un trofeo de atletismo y, a consecuencia de ello, pierde todo su dinero –que había apostado de forma poco “elegante”-. A medida que los jóvenes se van tratando, Frank se va contagiando del ejemplar comportamiento del amigo –el bien es atractivo por naturaleza-. Al principio lo sigue a remolque, sobre todo cuando surgen dificultades, pero esa amistad será una escuela de virtudes que culminará con un Frank demostrando que también él es capaz de valentía, pundonor, generosidad y fortaleza. En suma de un comportamiento heroico.

La película es muy recomendable para jóvenes y mayores porque muestra el atractivo de una personalidad forjada en el esfuerzo y en la satisfacción del deber cumplido. Está dirigida por Peter Weir (Master and Commander, 2003) y podemos ver a un joven Mel Gibson en una de sus primeras películas como intérprete. La banda sonora es excelente.


Archy y la fortaleza

Archy, piensa que debe ayudar a su patria en la lucha contra los alemanes, pero además del temor que la guerra infunde por sí misma, otros obstáculos se interponen: sus padres no están de acuerdo con tal decisión, ni tiene la edad mínima requerida para alistarse. Sin embargo, no se arredra y actúa en consonancia con su conciencia. Emprende un camino lleno de dificultades y contrariedades, pero su constancia da el fruto deseado: consigue formar parte de la Caballería australiana. A lo largo del “camino” surgen motivos sobrados para desistir. No obstante, ayudado por su fiel amigo Frank, las trabas van cayendo una a una. De aquí podemos extraer otra importante lección: la necesidad de los demás para mantener el ánimo ante los problemas. Pero en Archy no se da sólo energía de ánimo, también hace gala de una fuerza física forjada a través de un concienzudo entrenamiento. No basta con disfrutar de un don natural para llegar a la excelencia en cualquier ámbito. Para ello se requiere del esfuerzo cotidiano y, precisamente, este duro entrenamiento irá fraguando el carácter de Archy y preparándolo para mantenerse firme en escenarios cada vez más difíciles. Así llegamos al desenlace de la película, en el que tendrá que arrostrar una situación extrema que, en condiciones normales, produciría en cualquiera un temor paralizante o una impulsividad irreflexiva y, sin embargo, lo afronta lleno de serenidad y fe. Cumple con su deber, a sabiendas de las terribles consecuencias que podría acarrearle.

Más información en decine21.com.
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