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21 de abril de 2012

LA PESCA DEL SALMÓN EN YEMEN (2012). Lasse Hallstrom. Comedia. Jóvenes. Estreno. ***

He aquí un ejemplo de película con buenas intenciones y un cierto encanto que a al­gunos nos cuesta mucho disfrutar, porque no podemos dejar de pensar en todo lo que podría haber sido. Mimbres y material te­nía de sobra para haber dado más, mucho más. Un jeque árabe de Yemen con todo el dinero del mundo no tiene mejor ocurrencia que traer la pesca del salmón a su de­sér­tico país natal. Para ello le pide a una in­termediaria en Londres que contrate los servicios de uno de los ma­yores expertos en peces de Inglaterra. El primer ministro inglés ve en todo ello una magnífica oportunidad para hacer propaganda política. Fila Siete. (3/5)

El director sueco Lasse Hallstrom dirige esta cinta de estilo “british”, a partir de un guión de Simon Beaufoy (“Slumdog Millionaire”), basado en la famosa novela de Paul Torday. La cinta combina la sátira política con la trama romántica, y todo aderezado de un humor británico muy bien llevado. Si la película se entiende como un cuento que no hay que tomarse demasiado en serio, entonces funciona. Aunque la cinta relativiza el matrimonio, no es una película cínica, y ofrece una mirada amable sobre el hecho religioso y la interculturalidad. Una propuesta amable y fresca, que habla de los sueños que se cumplen. J. O. Pantalla Grande. (6,5/10)


La idea de un proyecto descabellado, invita a reflexionar sobre la fe en un mundo donde, al menos en Occidente, se ha perdido en gran parte el horizonte de lo trascendente: no lo controlamos todo, pueden ocurrir sucesos que objetivamente considerados parecen milagrosos por lo improbable de su ocurrencia, en otras culturas se vive de otra manera, hay menos cinismo... Está introducida con gran naturalidad la necesidad del entendimiento entre Oriente y Occidente, con la apertura a otras mentalidades y la lacra del terrorismo, pero también el oportunismo político y la obsesión por la imagen y las apariencias. DeCine21. (7/10)

17 de septiembre de 2011

EL ÁRBOL DE LA VIDA (2011). Terrence Malick. Drama. Jóvenes. Estreno. ***

Malick ha alumbrado una obra de arte, una sinfonía bellísima, un canto a la vida que suena como una ofrenda al Dios que hizo el cielo y la tierra, un Dios enamorado perdidamente del hombre. Malick maneja el cosmos para hacer entender que el hombre es el centro del universo porque Dios así lo ha querido, y por eso el eje del relato es la familia O’Brien, un matrimonio de evidente origen irlandés, gente de clase media de un suburbio de Tejas. Gente que ama y es amada. Gente que tiene que elegir entre el camino de la naturaleza y el camino de la gracia. Gente que sabe que si no ama su vida pasará como un relámpago. Fila Siete.

Encabeza el filme la cita bíblica completa del “Libro de Job” 38: 4-7: “¿Dónde estabas cuando Yo cimentaba la tierra? / Explícamelo, si tanto sabes….”. Y, a continuación, una voz femenina sienta las dos coordenadas de la historia: “Hay dos caminos que puedes seguir en la vida: el de la naturaleza y el de la Gracia”, mal traducido al español como “el de lo divino”. Y explica que el camino de la Gracia no teme desagradar ni huye de los sacrificios y los insultos. Mientras que el camino de la naturaleza tiende a la autocomplacencia y la autoafirmación sobre los demás. A esos dilemas se enfrenta en los años 60-70 del siglo pasado una mujer católica practicante de Waco, Texas, la Sra. O’Brien (Jessica Chastain). Y clama a Dios con desgarradora sinceridad, pues se siente incapaz de sortear la desesperación ante la muerte del pequeño de sus tres hijos, quizás en la Guerra de Vietnam. “Ahora está en manos de Dios”, la consuela su esposo, el también católico Sr. O’Brien (Brad Pitt). “¿Pero no ha estado siempre en sus manos?”, le responde ella con pasmosa lucidez. Una angustia similar a la de la Sra. O’Brian atenaza ya en nuestros días a su hijo mayor, Jack (Sean Penn), un insatisfecho ejecutivo de éxito, que ansía reencontrarse con sus raíces y con Dios. Para ello, rememora con Él su infancia y adolescencia (Hunter McCracken), iluminadas por las felices correrías con sus hermanos R.L. (Laramie Eppler) y Steve (Tye Sheridan), y ensombrecidas por su progresivo alejamiento de su padre, un hombre íntegro, piadoso y cordial, pero voluntarista, que trata a sus hijos con excesivo rigorismo, lanzando sin querer a Jack a sus primeros pecados conscientes. JJ Martín (Pantalla Grande).


Realmente el grandísimo y esquivo cineasta Terrence Malick no hace otra cosa que seguir a los miembros de una familia católica -sobre todo a los padres y al hijo mayor-, que siempre se han apoyado en Dios, pero cuya fe se ve puesta a prueba -como la cualquier otro hijo de vecino- por los acontecimientos de la vida diaria. Y lo hace centrado el tiro en momentos ordinarios, agradables y desagradables, y manejando con voz en off los conceptos básicos que ayudan a configurar una vida lograda, donde son básicos el amor y el perdón. No faltan los momentos de duda, la prueba del sufrimiento, la rebelión contra Dios, la tentación del pragmatismo, la constatación de que, citando a san Pablo, uno hace lo que no quiere. DeCine21.

Sin cuestionar la indudable belleza de las imágenes y la profundidad de lo que se nos muestra, me parece ardua de ver. Está llena de simbolismos; unos se entienden y otros no. Si uno no se ha documentado previamente, puede quedarse a dos velas. Estoy seguro de que muchas escenas sólo las entiende el autor y, los demás, simplemente especulamos. De todos modos es valiente y enriquecedora.... Lástima que su complejidad la haga ininteligible, y a ratos pesada, para mucha gente. La poesía es poesía y el cine cine. CineCine.
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