6 de agosto de 2010

EL MILAGRO DE ANNA SULLIVAN (1962). Arthur Penn. Drama. Jóvenes. ***

Annie Sullivan llega a casa de los Keller para encargarse de una tarea casi imposible: enseñarle el mundo exterior a Helen Keller, una niña de siete años ciega y sordomuda desde los dieciocho meses, a causa de una enfermedad. Un oscuro complejo de culpabilidad, por la muerte de su hermano, impulsa a la pedagoga a redimirse mediante la educación de la niña.

Personajes

Basada en hechos reales, nos cuenta “el milagro” de Anna Sullivan. Aunque más que milagro habría que hablar –sin que esto signifique quitarle importancia a la enorme trascendencia que la visión sobrenatural ejerce sobre las personas que la poseen- de premio a la constancia. Anna es una profesora educada en un orfanato que, en su primer empleo, debe afrontar la tarea de proporcionar un mínimo de educación a Helen Keller, ciega y sorda desde la cuna. Profesora y alumna son las protagonistas indiscutibles de la historia. Sus papeles son interpretados por Anne Brancroft y Patty Duke que, con sus brillantísimas interpretaciones –ambas ganadoras del Óscar-, dotan a sus personajes de una fuerza dramática y autenticidad antológicas.

De Helen poco podemos decir en cuanto a virtudes o defectos, pues su nula formación, su incomunicación y su absoluta incomprensión de todo lo que la rodea parece estar en el origen de su comportamiento. Si efectivamente su libertad estuviera fuertemente mermada como consecuencia de sus limitaciones a la hora de razonar y comprender, la responsabilidad de sus actos estaría igualmente disminuida. Por tanto, su comportamiento agresivo sería más digno de lástima que de reprobación.

Anne, por el contrario, sí es una mujer absolutamente libre. Entrenada en las duras condiciones de vida de un orfanato y que, a pesar de sus limitaciones físicas, ha logrado una buena formación profesional y humana. Aunque la historia comienza con Anne camino de su primer empleo, se adivina que para llegar hasta ahí, ha debido poner en juego muchas virtudes y contar con la ayuda de otras personas. Sin fortaleza, sin laboriosidad, sin generosidad, paciencia, audacia, constancia o responsabilidad, difícilmente habría llegado hasta ese tren. Prueba de lo que decimos es su comportamiento en casa de los Keller. Es recibida con ilusión y esperanza, pero rápidamente se vuelven las tornas y tendrá que hacer gala de una gran fortaleza y generosidad para perseverar. También tendrá que armarse de paciencia para no perder la calma y la serenidad en situaciones muy duras. A priori, pudiera parecer que los métodos empleados por Anne demuestran falta de amor, pero su rectitud de intención es evidente; actúa de ese modo porque piensa que es la mejor manera de sacar a la niña de su aislamiento y hacer por ella el bien que no pudo hacer por su propio hermano.

Los padres son el contrapunto de la profesora. La madre se vuelca en mimos con Helen y el padre, aunque disgustando por los malos modos de la niña, tampoco es capaz de mantener una actitud exigente. Es evidente que la quieren, pero no tienen la fortaleza necesaria para actuar del modo más conveniente. Se mueven a impulsos, aunque hay que reconocer que la madre demuestra una mayor sensibilidad y esperanza, siendo capaz de renunciar temporalmente a la niña, dando una nueva oportunidad a la profesora.


De interés

La temática de la película es muy rica, pero personalmente me gustaría llamar la atención en un asunto de plena actualidad: la necesidad de la exigencia en la educación. La formación requiere esfuerzo por ambas partes, especialmente en el educando. Sin sacrificio, léase fortaleza, laboriosidad, constancia, responsabilidad, orden…, es difícil alcanzar la excelencia a la que está llamada toda persona. También resulta muy gráfica la importancia de la comunicación y del lenguaje en el desarrollo humano.

De cara a los jóvenes, además de hacerles comprender que no necesariamente quien les da todo es quien mayor bien les hace, El milagro… es bastante adecuada para aprender a valorar y agradecer tantas cosas buenas como les rodean, empezando por la propia salud.

Constancia

La constancia es una virtud que viene en ayuda del tedio y del cansancio que, necesariamente, acaban por producirse en cualquier actividad. El aburrimiento, la pérdida de interés, el desaliento, la impaciencia, la incomprensión o el olvido de las razones de peso que llevaron a emprenderla, son tentaciones constantes en la vida cotidiana de cualquier persona. Cuando se trata de actividades y costumbres valiosas, es razonable poner empeño en conservarlas. Pues bien, la constancia, es, precisamente, el hábito que hace posible mantener el ánimo y el nivel de realización –dando resultados del mismo nivel durante un largo período de tiempo-. Proporciona firmeza y seguridad. La constancia es, en consecuencia, el antídoto adecuado contra la pasividad, la terquedad o la inconstancia.

Esto que decimos se plasma con claridad en El milagro de Anna Sullivan. La decisión con que Anna asume la tarea de educar y romper la incomunicación de Helen Keller, una jovencita ciega y sordomuda desde muy pequeña, pasa por momentos realmente duros. Emprende el trabajo con una ilusión desbordante y gran confianza en sí misma. Sin embargo, a pesar de su fuerte motivación e implicación personal –ella misma sufrió ceguera hasta una reciente operación-, pronto surgen problemas de todo tipo. Empezando por la propia alumna, una cría semisalvaje víctima del abandono educativo de sus padres, que no sólo no colabora, sino que pone dificultades sin cuento. Los padres, y la familia en general, tampoco aprueban los métodos de la profesora, ciertamente duros. La amenaza del despido se hace presente desde el primer momento. Lo fácil hubiera sido abandonar, ya que a la dureza de la situación se añade la incomprensión de todos. No obstante, persevera, mantiene el ánimo hasta el final y los resultados acaban llegando.

Los vicios contrarios a esta virtud –la desgana y la variabilidad de ánimo, entre otros- también tienen su adecuado reflejo en la película. Helen es una chiquilla con unos problemas terribles –ceguera y sordomudez- y es digna de compasión, pero un cariño mal entendido puede desembocar en un daño aún mayor. La familia se mueve entre la pasividad, fruto de la desgana o la desesperanza, y la impaciencia.

2 comentarios :

Anónimo dijo...

Una amiga, profesora, les proyectó a sus alumnos de la ESO , esta película. Para ellos fue un impacto: en primer lugar porque les hizo enfrentarse de un modo claro y detallado a una realidad, la de las personas discapacitadas, de la que se les habla a menudo pero de la que, realmente, no son conscientes y junto con esto el descubrimiento "del blanco y negro" que, a algunos, cosa curiosa, incluso les sobrecogía y les daba un poco de miedo.

CSZ dijo...

Creo que el cine -el buen cine- como instrumento educativo tiene una fuerza enorme. Afortunadamente hay muchas películas donde elegir y viene muy bien desempolvar, de vez en cuando, obras valiosas. Una imagen vale más que mil palabras.

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