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13 de diciembre de 2010

DAMAS DEL TEATRO (1937). Gregory La Cava. Comedia. Jóvenes.***

Un reparto de lujo liderado por Katharine Hepburn y Ginger Rogers encarna a un grupo de chicas  que, unidas por el mismo deseo de triunfar en el teatro, conviven en una residencia regentada por antiguas actrices. Algunas logran alcanzar el éxito pero otras no tendrán más remedio que olvidar sus sueños y volver al pueblo del que partieron un día. El film fue nominado a cuatro Oscar.

Estupenda película de Gregory La Cava -no se pierdan de este director Al servicio de las damas o La muchacha de la Quinta Avenida-, en la que, en tono de comedia con tintes melodramáticos, asistimos a la lucha cotidiana de un grupo de mujeres que sueñan con abrirse paso como actrices de teatro. En el fondo todas buscan el éxito y la fama, sin ser conscientes de que sólo unas pocas privilegiadas lo conseguirán.

La acción se desarrolla en una pensión de ambiente teatral que, regentada por una antigua integrante de la compañía de Sara Bernard, da cobijo a chicas de muy distintas procedencias y un solo anhelo. Desde la rica heredera -Katharine Hepburn- que quiere hacerse un hueco en la escena sin hacer uso de sus influencias, hasta la joven desencantada que se inclina por el camino fácil y, a la postre frustrante, de entregar lo mejor de sí misma al mejor postor, a cambio de unas pieles o de subir de nuevo al escenario. Las hay con talento y sin él. Con suerte y sin ella. También las que están de vuelta y son conscientes de lo inútil de la empresa, pero se resisten a perder su dignidad -Ginger Rogers-. Encabezan un reparto, predominantemente femenino, Katharine Hepburn y una magnífica Ginger Rogers, contando, además, con la presencia de Adolphe Menjou -Senderos de Gloria- encarnando al típico productor sin escrúpulos.

En plena edad dorada de Hollywood, Damas del teatro, sin ser propiamente una comedia romántica screwball, es una de las mejores y más perfectas comedias de los años treinta y participa de algunos rasgos característicos del género, como pueden ser sus brillantes diálogos, su peculiar retrato femenino en el que la mujer reivindica protagonismo en la sociedad y en su propio destino, la ciudad como meca de una vida mejor, o los ambientes relacionados con el mundo del espectáculo. Estamos en la década de los 30, años duros económicamente, y la película se hace eco de ello. El teatro sufre especialmente la crisis, pues a la mala situación económica se añade el empuje de nuevos entretenimientos de masas. El cine, y más concretamente, la comedia, hacía furor en aquella época, con títulos tan emblemáticos como Sucedió una noche, La fiera de mi niña, La pícara puritana, Las tres noches de Eva y un largo etcétera. En este sentido, Damas del teatro, refleja muy bien estos momentos de transición en los que el teatro languidecía frente al empuje del cine.

La película es entretenida, salpicada de sentido del humor y de momentos melodramáticos, especialmente en el último tramo de la historia, con un final particularmente apropiado para los aficionados a echarse unas lágrimas. Una pieza perfecta de interpretación y dirección, con unos personajes que conceden gran valor a la amistad, el humor y las bromas, como vías para mantener el aplono en el difícil camino de la vida.

Damas del teatro optó, entre otros, al Oscar al Mejor Director -logrado finalmente por Leo McCarey con La pícara puritana- y a la Mejor Actriz Secundaria, gracias a la gran interpretación de la desconocida Andrea Leeds.

Fuentes: TCM, Guía del vídeo-cine (Cátedra), La comedia romántica de Hollywood de los años 30 y 40 (Cátedra), decine21.

1 de julio de 2010

LA BUENA TIERRA (1937). Sidney Franklin. Drama.


La buena tierra está basada en una novela con la que Pearl S. Buck obtuvo el Premio Pulitzer. La trama transcurre en China, en la época previa a la instauración del comunismo, y nos cuenta la historia de una familia campesina en aquéllos convulsos años.

Primero vino el matrimonio, una unión concertada entre el agricultor Wang Lung y la esclava de cocina O-Lan. Después, tras recorrer el camino de la pobreza y la riqueza, la familia y la traición, la guerra y la pestilencia, llegó el amor. Partiendo de la novela de Pearl S. Buck, La Buena Tierra mezcla la historia de Wang y O-Lan con toda una sucesión de rebeliones en China.

Personajes

Wuang Lu es el protagonista principal y se nos presenta como un joven alegre y trabajador. Es sociable, disfruta de la amistad y se muestra sencillo y humilde. Su personalidad es atractiva, nada que ver con la pusilanimidad, y su sonrisa contagiosa. Es respetuoso con las tradiciones de sus mayores, hasta el punto de tomar por esposa a O-Lan sin siquiera haberla visto antes. Con la ayuda de su mujer, su esfuerzo personal y su austeridad, consigue prosperar. Cuando una terrible sequía esquilma los campos, soporta el hambre sin derrumbarse y no se resigna a no hacer nada; emigra al sur con toda la familia y busca honradamente trabajo sin descanso. Sin embargo, tras haber superado la crisis por un golpe de fortuna que lo convierte en un hombre rico, se vuelve holgazán, presuntuoso, soberbio y desprecia a todo el mundo, incluida su mujer a la que tanto debe. Cegado por el deseo y la vanidad, toma una segunda esposa mucho más joven que él y adopta un estilo licencioso e indolente. Pero cuando una plaga de langosta amenaza la cosecha reacciona de forma positiva y asume el liderazgo de los campesinos para defender la tierra. Reconoce los errores cometidos y se reconcilia con todos, especialmente con O-Lan.

O-Lan es una gran mujer, sencilla y humilde. Gracias a su fortaleza consigue resistir en situaciones extremas y ser el sólido fundamento de la familia. Es muy discreta, volcada siempre en las necesidades de los demás sin llamar la atención. Lo suyo es servir y ocultarse. Ocupa el último rincón de la casa y pide muy poco para sí misma. En definitiva, vive la virtud de la generosidad hasta sus últimas consecuencias. Su vida entera ha estado en función de los demás y no guarda ningún tipo de agravios. Cuando Wuang Lu se muestra arrepentido reacciona con alegría y perdona de todo corazón. En una palabra, es una persona que sabe querer.

En el lado opuesto tenemos al que quizás sea el personaje más desagradable de la película, el tío de Wuang Lu. La laboriosidad brilla por su ausencia en este hombre, preocupado toda su vida en vivir a costa de los demás. Su egoísmo le lleva a maltratar a su mujer y, con tal de sacar provecho, es capaz de engañar a su propio sobrino y de empujarlo a comportamientos indignos si con ello puede obtener alguna ganancia. El colmo de su desfachatez lo vemos cuando mientras todo el pueblo lucha desesperadamente contra la plaga, él se quita de en medio y luego pretende apuntarse el éxito de la empresa.


De interés

La buena tierra tiene varios puntos de total actualidad. En una sociedad como la nuestra, en la que el hedonismo campa a sus anchas, resulta aleccionador contemplar a unas personas que viven austeramente y luchan con gran esfuerzo para, en muchos casos, simplemente subsistir. También es ejemplar la reacción de la comunidad ante la plaga de langosta. Ante una situación difícil caben dos posturas: la de los derrotistas que ante la magnitud del desafío ni siquiera intentan hacerle frente, y la de las personas que luchan con todos los medios a su alcance para remediar la situación.

Por último, mencionar que La buena tierra refleja muy bien los beneficios del trabajo sobre la persona y, en sentido contrario, la situación a la que puede conducir la ociosidad. También me ha parecido interesante como retrato de una época y un país.

Laboriosidad

O-Lan, esposa de Wang Lung es, quizás, el personaje de La buena tierra que mejor encarna de modo práctico la laboriosidad. Veamos por qué. De origen humildísimo, sus padres la vendieron como esclava siendo niña, desde muy pequeña se formó en la cultura del trabajo callado y silencioso, sin quejas ni resentimientos. Gracias a lo cual, una vez casada, supo afrontar las tareas cotidianas del hogar y del campo –su marido era agricultor- sin rechistar, en todo tipo de circunstancias, sin un mal modo, sin pensar en sí misma, con naturalidad y sencillez, aceptando los encargos con diligencia. Siempre tuvo claro que el trabajo era la base imprescindible para procurar el sustento y mejorar las condiciones de vida de toda la familia.

En esta mujer se manifiesta ejemplarmente la diligencia, punto medio entre la pereza y el activismo. La actitud perezosa no tiene cabida en la vida de O-Lan, el trabajo no la entristece, pero tampoco cae en el activismo, pues nuca olvida la finalidad servicial del trabajo ni se refugia en él para eludir otros deberes. Siempre está dispuesta a colaborar y contribuir con su propio esfuerzo en favor de los demás. En la película hay varios momentos en que estando casi sin fuerzas –por ejemplo a punto de dar a luz-, es requerida su ayuda y se presta a ello sin la más mínima queja. En O-lan resulta palpable cómo el trabajo dignifica al hombre y le proporciona un atractivo equilibrio y armonía.

La película obtuvo cinco nominaciones a los Oscar, logrando dos: Mejor actriz (Luise Rainer) y Fotografía (Karl Freund).

Más información en decine21.com.

13 de mayo de 2009

CAPITANES INTRÉPIDOS


Captains Courageus
Victor Fleming
Aventuras

Harvey Cheyne (Freddie Bartholomew), un niño rico, consentido, orgulloso y maleducado, cae por la borda del transatlántico en el que viaja con su padre, un ocupado hombre de negocios de Nueva York. Afortunadamente, es recogido por la goleta We're Here que se dirige de pesca a Terranova. Forzado por las circunstancias, tendrá que convivir con una tripulación muy distinta de las personas con las que habitualmente se relaciona. Gracias a ello, el trato con esta gente ruda y noble, sobre todo con Manuel -Spencer Tracy-, le hará madurar como persona, aprenderá a ser humilde, a valorar la amistad y el trabajo. Aprenderá que la vida es dura y requiere esfuerzo, pero está llena de satisfacciones; sobre todo, cuando se vuelca generosamente en los demás.

Basada en el clásico de Rudyard Kipling, Capitanes Intrépidos, fascina no sólo por su hondo contenido antropológico y dramático, también lo hace por sus maravillosas interpretaciones -Tracy ganó el Oscar al mejor actor- y emocionantes escenas marineras. Estamos seguros de que Manuel es uno de los personajes más entrañables de la historia del cine, un hombre lleno de virtudes; viril, paciente, sabio, generoso y protector.

"Revitaliza cada página de la novela de Kipling e incluso añade uno o dos capítulos propios. Un gran trabajo." (Frank S. Nugent, THE NEW YORK TIMES)

Temas de interés: papel del trabajo, el dolor y el sufrimiento en la educación y maduración personal; la educación requiere dedicación; el valor de la amistad.

Valores: paciencia, humildad, agradecimiento, constancia, lealtad, trabajo, preocupación por los demás, generosidad.

Dirección: Victor Fleming (Lo que el viento se llevó y La isla del tesoro). Principales intérpretes: Spencer Tracy, Freddie Bartholemeu y Lionel Barrymore. Público adecuado: Todos. Género: Aventuras.

1937 EN EL CINE

Además de Capitanes Intrépidos, aquel año nos regaló un puñado de buenas películas que merece la pena recordar; entre ellas, mencionamos las siguientes (se incluyen enlaces a la crítica de la película en decine21.com):

La vida de Emile Zola. Drama biográfico dirigido por William Dieterle que consiguió el Oscar a la mejor película.
Horizontes Perdidos. Inolvidable película de aventuras dirigida por Frank Capra.
Ha nacido una estrella. Modélico melodrama sobre el mundo del cine dirigido por William A. wellman que obtuvo siete nominaciones a los Oscar.
La pícara puritana. Leo McCarey, Irene Dunne y Cary Grant en una comedia clásica en torno a un matrimonio separado.
Margarita Gautier. Inspirada en La Dama de las Camelias, Greta Garbo protagoniza este drama romántico bajo la dirección de George Cukor.
Sólo se vive una vez. Cine negro dirigido por Fritz Lang, con Henry Fonda y Sylvia Sidney como pareja protagonista.
Huracán sobre la isla. El maestro John Ford consiguió el Oscar al Mejor Sonido con esta película de aventuras ambientada en los Mares del Sur.
Una chica afortunada. Con guión de Preston Sturges, podemos disfrutar de la inolvidable Jean Arthur en esta comedia romántica de enredo.
Calle sin salida. Drama en el que William Wyler se reconstruye la vida de los barrios bajos de Nueva York. Brillante trabajo de Sylvia Sidney y Humphrey Bogart.


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