21 de enero de 2011

DESEANDO AMAR (2000). Wong Kar Wai.Drama. Jóvenes-adultos. ****

Hong Kong, 1962. Chow, redactor jefe de un diario local, y su mujer, se mudan a un inmueble habitado principalmente por la comunidad de Shanghai. Allí conoce a Su Li-zhen, una joven que acaba de instalarse también en el edificio junto con su esposo. En un primer momento se limitan a intercambiar saludos con respeto y cortesía. Ambos son buenos profesionales y no es raro que se demoren en la redacción o en la oficina -ella es una eficiente secretaria de dirección-, pues en casa les espera la soledad demasiado a menudo. Sus cónyuges viajan con frecuencia y aunque los vecinos son amables y acogedores no pueden llenar tantas ausencias.

Su es elegante, discreta y atractiva. Chow es un hombre cordial y correcto. Poco a poco los saludos se van haciendo más pausados. Frases intercambiadas aquí y allá, tópicas en un principio, van dando lugar a una intimidad cada vez mayor. De este modo, casi sin darse cuenta, va surgiendo entre ellos algo que, sin proponérselo, los marcará para siempre.

Deseando amar es una película llena de sensibilidad, exquisitamente concebida, contemplativa y hasta cierto punto arriesgada, sobre el amor conyugal y sus exigencias. Sobre la dificultad de mantener encendida la llama a lo largo del tiempo, venciendo la amenaza de la monotonía. Sobre las consecuencias de la infidelidad y el modo en que puede truncar la vida del cónyuge engañado. Sobre la imperiosa necesidad de querer y ser querido del corazón humano. Sobre la necesidad de compartir, comprender y ser comprendido. ¿Es posible recomponer la situación cuando todo se derrumba? ¿Sólo el amor puede curar la herida?, y ¿hasta dónde puede o debe llegar este amor?


Son temas delicados que, en otras manos, podrían haber dado lugar a excesos de todo tipo. Sin embargo, Wong Kar Wai, trata el asunto con una delicadeza y sentido artístico muy meritorio. Ambientación, música y fotografía, son el adecuado complemento a una historia muy humana, en la que unos seres defraudados y desorientados son redimidos por el amor. Pero un amor con mayúscula, que no tiene otro gozo que el bien del ser querido. ¡Qué lejos queda ese egoísmo que llama amor a lo que no es más búsqueda de la propia satisfacción!

Los actores están geniales. Además, el hecho de ser desconocidos para nosotros, contribuye a dotar de credibilidad a sus personajes. El montaje y la planificación son originales, quizás algo artificiosos, pero está tan logrado, que hipnotiza a un espectador agradecido ante una propuesta realmente diferente.

Fuentes: decine21.

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