15 de enero de 2011

De Dioses y Hombres (2010). Xavier Beauvois. Drama. Jóvenes.

Un monasterio en las montañas del Magreb en los años noventa. Ocho monjes cistercienses viven en perfecta armonía con la población musulmana. Un grupo de fundamentalistas islámicos asesina a un equipo de trabajadores extranjeros y el pánico se apodera de la región. El ejército ofrece protección a los monjes, pero estos la rechazan. ¿Qué deben hacer? ¿Irse, quedarse? A pesar de la creciente amenaza, empiezan a darse cuenta de que no tienen elección y deben quedarse, pase lo que pase. La película se basa a grandes rasgos en la vida de los monjes cistercienses del Tibhirine, en Argelia, desde el año 1993 hasta su secuestro en 1996. CINEMANET.

Sin duda, una de las mejores películas de la última década y digna heredera de otros grandes filmes franceses de honda espiritualidad católica, como Diálogos de carmelitas, Diario de un cura rural, Thérèse, Adiós, muchachos, Tres colores: Azul y Rojo, Ponette, El gran silencio, Vete y vive, La escafandra y la mariposa o Lourdes. En el Festival de Cannes 2010, la película ganó el Gran Premio del Jurado y el Premio Signis de la Asociación Católica Mundial para la Comunicación, y ahora representa a Francia de cara al Oscar al mejor filme en lengua no inglesa. J.J.Martín, COPE.


La película de Beauvois ignora el aspecto cruento de la masacre y se remonta a los antecedentes, a la vida de la comunidad cisterciente en los meses previos al secuestro. Y lo que nos muestra, con una puesta en escena deliciosa, es una vida marcada por la oración, la liturgia y el trabajo. Alfa y Omega.

La realidad es que "De dioses y hombres" es un equilibrado ejercicio de descripción, reflexión y ritmo: descripción minuciosa de la actividad monacal; reflexión sobre las creencias, los principios, el fanatismo, el integrismo y el sentido del deber y su cumplimiento y, por último, un ritmo apropiado... ABC.

De entrada, no me apetece ver retratos de gente ataviada con sotanas (aunque lógicamente me conmuevan los inolvidables curas de Adiós, muchachos y Roma, ciudad abierta). Sin embargo (...) El director Xavier Beauvois cuenta admirablemente (...) no hace trampas en esta fábula moral, no fuerza el sentimentalismo, nos hacer entender profundamente (...) sales conmovido con la historia de estos religiosos. Palabra de agnóstico." El País.

Más información en Decine21.
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