7 de junio de 2010

SOPHIE SCHOLL: LOS ÚLTIMOS DÍAS (2005). Marc Rothemund. Drama.

LA HISTORIA DE UNA JOVEN HEROÍNA QUE SE ATREVIÓ A DESAFIAR AL PODER NAZI.

Munich, 1943. Un grupo de jóvenes, en su mayoría universitarios, recurre a la resistencia pasiva como única solución para enfrentarse a los nazis. Así nace "La Rosa Blanca", un movimiento con un solo propósito: la caída del Tercer Reich.

El 18 de febrero de 1943 Sophie Scholl, la única mujer del grupo, es detenida junto a su hermano mientras distribuyen panfletos en la universidad. Durante los días siguientes será sometida a un duro interrogatorio que acabará conviertiéndose en un duelo psicológico con el oficial Mohr.

Finalmente, ante unas pruebas aplastantes y en un intento desesperado para proteger a su hermano y los miembros de la Rosa Blanca, acabará confesando. Conmovido por la infrecuente valentía de Sophie, Robert Mohr le ofrece una escapatoria a cambio de traicionar sus ideales...

Personajes

Al igual que en Gallipoli, que veíamos hace unos días, en esta película nos encontramos ante una persona singularmente atractiva –Sophie Scholl-. Una vez más observamos cómo las virtudes dotan a la persona de un encanto especial. No obstante, es preciso mencionar que, aunque como principal protagonista de la historia, nos centraremos en ella, gran parte de los comentarios serían igualmente aplicables a su hermano.

Estamos en Munich, febrero de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Un grupo de jóvenes universitarios forman parte de La Rosa Blanca, organización clandestina que lucha por derrocar el régimen nazi con métodos no violentos –reparten octavillas, mandan cartas, realizan pintadas…-. Sophie forma parte de ella.

Al comienzo de la película la vemos escuchando la radio y cantando junto a una amiga. Es una joven alegre y normal; sin nada destacable a simple vista. Sin embargo, mientras gran parte de la sociedad alemana permanece aletargada ante la barbarie, ella y otros pocos jóvenes, son capaces de asumir grandes riesgos por un ideal, pues sus acciones pudieran llegar a ser castigadas con la pena de muerte. No es posible permanecer indiferentes ante la justicia y la falta de libertad. Es preciso actuar y lo hacen. Con los medios de que disponen y sin falsas excusas.


Esta chica normal, ya no lo es tanto cuando la vemos asumir con valentía la responsabilidad de repartir octavillas en la universidad. Y a partir de su detención su personalidad se va agigantando momento a momento. Es una auténtica heroína de nuestro tiempo. Demuestra gran generosidad cuando se declara culpable con la esperanza de salvar a su hermano y otros amigos. Soporta el duro interrogatorio con fortaleza y paciencia. No cede al chantaje y renuncia a un trato favorable si ello implica delatar a sus colegas. Tiene momentos de debilidad, tiene miedo, pero no es cobarde y se sobrepone con fortaleza apoyada en la oración. La Fe y la Esperanza son poderosas aliadas en momentos de prueba, también el apoyo humano –su compañera de celda será de gran ayuda-.

Como contrapartida tenemos al investigador Mörh y al presidente del tribunal donde será juzgada. El primero es un cínico que, aunque hay momentos en que parece inquietarse con las respuestas de Sophie, prefiere aferrarse a la “ley” y quitarse de problemas. El juez, por su parte, es una ser caricaturesco. Se hace especialmente repulsivo por su total desprecio de la dignidad humana de los acusados, por su parcialidad y su fanatismo desequilibrado. Así como Möhr deja translucir leves destellos de humanidad, el juez es un personaje carente de la más mínima humanidad.

La película es muy adecuada para despertar las conciencias dormidas sobre la responsabilidad que todos tenemos en la mejora de la sociedad. Aunque parezca que no podemos hacer nada ante la injusticia, si todos los que pensamos de modo acomodaticio reaccionáramos con la valentía y fortaleza de Sophie, en lugar de quejarnos tanto, seguramente que tendríamos menos motivos para lamentarnos.

La historia tiene muchos puntos de interés. En primer lugar, como documento histórico es una oportunidad de acercarse a la resistencia interna al régimen nazi. En segundo lugar, muestra las trágicas consecuencias de la cobardía colectiva. Y, para terminar, vemos el triunfo de la virtud sobre la falta de ella; la indomable grandeza del ser humano cuando es fiel a sí mismo.


Sophie Scholl y la fortaleza

También Sophie Scholl y su hermano son un ejemplo de fortaleza. Igualmente nos encontramos, como en Gallipoli, en una ambiente de guerra –ahora le toca el turno a la Segunda Guerra Mundial- y frente a la pasividad de gran parte del pueblo alemán ante los desmanes del nazismo, hay una serie de personas –en este caso jóvenes universitarios agrupados en torno a la organización La Rosa Blanca-, que sienten una intranquilidad interior que les impulsa a luchar contra el injusto ambiente dominante. Sería mucho más cómodo mirar para otro lado y justificarse aduciendo la imposibilidad de hacer frente a una máquina tan poderosa, pero eso sería traicionar sus propias convicciones y renunciar a un mundo más justo, en el que la libertad y la dignidad humana ocuparan el lugar que merecen. En la actitud de estos hermanos juega un papel importante su formación cristiana y la educación recibida en el hogar. Son personas de carne y hueso, con miedos e inseguridades, pero con la fuerte convicción de que la vida no tiene sentido si se achantan y abandonan los principios que la han guiado. Como en otras personas que viven esta virtud, vemos que en Sophie concurren muchas otras. Así observamos que es ejemplo, entre otras, de paciencia, valentía, audacia, generosidad, constancia o responsabilidad, lo que no excluye momentos de abatimiento. Y como telón de fondo, la libertad, valor supremo sin el cual la persona no puede desarrollarse como tal. Tanto Sophie como Archy, ponen en juego su espíritu libre para mantenerse firmes en sus decisiones.

Más información en Cinemanet y decine21.
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