Es el título de un libro escrito por la doctora estadounidense Meg Meeker (Ciudadela libros 2012, 246 páginas). La autora se dirige en todo momento a los padres aunque –personalmente- lo encuentro igualmente interesante para las madres.
El estilo del libro es divulgativo y de fácil lectura. No recuerdo signos de exclamación en el texto, sin embargo, se emplea un estilo muy directo: “Protégela y defiéndala”, “Mantenga unida a su familia”, “Luche por su cuerpo” (se refiere a las hijas)… En todo caso, en ningún momento, Meg Meeker abandona su mentalidad de médico. Argumenta desde su experiencia con adolescentes y con datos y estadísticas muy reveladoras. La amenidad de cada capítulo se refuerza con muchos casos reales que ha atendido en su consulta.
Sin duda, el libro resulta útil. Describe de forma realista las dificultades que se encuentra cualquier joven – amenazas más graves de lo que en principio se podría suponer-: problemas con las drogas, el alcoholismo, las enfermedades venéreas, los trastornos psicológicos (bulimias, anorexias, depresiones…), el fracaso escolar, los abusos o violaciones…dificultades para vivir con autoestima o con respeto por uno mismo.
Una vez expuestos los peligros para que nuestras hijas sean felices, la doctora Meeker va defendiendo sus recetas. Todas llevan como ingrediente el amor: los padres incondicionalmente -pase lo que pase, que pueden suceder muchas cosas- deben permanecer en el amor a sus hijas. Para ello, se necesita fortaleza. Querer de verdad es querer la verdad para las hijas; por tanto, se necesitan firmeza y constancia para buscar el bien -aun en las dificultades-, la fortaleza ayuda a resistir la tentación de despreocuparnos y nos reafirma en la resolución para superar los obstáculos.
¿Cabe esperar que un padre pueda realizar este trabajo con su hija o hijas? La respuesta de Meeker no puede ser más optimista: sí. Contra toda esperanza, según la tesis de esta médico americana, los padres pueden influir más que cualquier persona o institución en sus hijas. Para una hija es más importante el testimonio de un padre, que lo que aprende en el colegio, que lo que le cuentan sus amigos o los medios de comunicación. Esta tarea inmensa, según esta médico, se puede emprender mejor contando con Dios.
El libro interesará a los padres. E, incluso, es novedoso en muchos puntos. Quizás, Meeker y las familias estadounidenses que ha tratado en su consulta resulten asombrosamente parecidas a nosotros, los españoles, y radicalmente distintos a la imagen que suele ofrecer el cine o la televisión de la sociedad americana. Supongo que el cine español –tanto el antiguo como el actual- tampoco refleja del todo la realidad de las familias de España. En definitiva, “Padres fuertes, hijas felices” es un libro realista, exigente que afronta con esperanza temas universales que nos afectan a todos. Pedro Seco Varón.
