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7 de julio de 2010

LOS GRITOS DEL SILENCIO (1984). Drama bélico. Roland Joffé.


Sydney es un periodista del New York Times enviado a Camboya en 1972 como corresponsal de guerra. Al llegar allí conoce a Dith Pran, un nativo que se convierte en su guía e intérprete durante la guerra. En 1975, al caer el gobierno camboyano, los EE. UU. se retiran del país, y toda la familia de Pran emigra a Norteamérica excepto él, que se queda al lado del periodista para ayudarle a cubrir la noticia. Los dos se refugian en la embajada inglesa, pero cuando quieren abandonar el país el ejército revolucionario no permite salir a Pran de Camboya y lo recluyen en un campo de concentración, en el que pasará múltiples vicisitudes.

Personajes

Si la historia que nos cuenta Los gritos del silencio es interesante en sí misma, lo que la hace todavía más impactante es conocer que está basada en hechos reales. Es un fiel retrato de los horrores de la guerra de Camboya cuando los jemeres rojos se hacen con el poder. Cuenta las vicisitudes de Sydney Schanberg, corresponsal del New York Times y de su colega camboyano, el fotógrafo Dith Pran. Dith hace de guía e intérprete de Sydney, al que ayuda a salir airoso de situaciones muy complicadas facilitándole, además, la consecución de primicias informativas de gran trascendencia –por ejemplo, el resultado del erróneo bombardeo del poblado de Neak Luong por aviones B-52 norteamericanos-. Cuando los jemeres llegan a Phnom Penh, Sydney facilita la salida del país de la familia de Dith, pero acepta que éste se quede, a sabiendas de que ello seguramente lo condenaría a un trágico destino.

Aunque en principio parece que el protagonista principal de la historia es Sydney, me ha resultado mucho más atractivo Dith. Como veremos más adelante, es digno de admiración el modo en que este hombre sobrelleva los largos años de cautiverio y tortura, haciendo gala de una paciencia digna de admiración. Pero  su comportamiento no sólo es destacable en este aspecto, pues hay muchos otros rasgos que dotan a este fotógrafo camboyano de una personalidad sumamente atrayente.

Para empezar, tiene un sentido elevado de la amistad y la lealtad. Apreciamos cómo la primera tiene para él un valor muy importante, hasta el punto de ser razón más que suficiente para no quebrarse en las dificultades. Esto lo lleva a manifestar una lealtad sin fisuras hacia su amigo, convirtiéndose en sus manos y sus pies.

También hemos hablado de su fortaleza, esa capacidad de resistir y de acometer en situaciones extremas. Como periodista, siente que no puede marcharse de su país en un momento tan delicado y que su deber es quedarse para ser testigo ante el mundo de lo que allí ocurra; esto no es otra cosa que responsabilidad. Su grandeza de ánimo en las dificultades, magnanimidad. Su empeño constante sin desfallecer, perseverancia, y la ayuda constante al colega americano, generosidad.


Sydney es un personaje menos claro. Es un periodista con olfato, dispuesto a ser testigo de la verdad al precio que sea, sin miedo a denunciar los abusos de su propio país. Sin embargo, “tolera” que Pran se coloque en una situación sin salida, quizás anteponiendo un hipotético éxito profesional al bien del amigo. No obstante, una vez en Estados Unidos, la voz de la conciencia no lo deja tranquilo y lucha sin descanso por encontrar a Dith.

Como personajes especialmente negativos, al margen de los jemeres, podemos colocar a diverso personal diplomático europeo y estadounidense. Cuando las cosas se ponen difíciles salen corriendo sin mirar atrás y sin importarles mucho el destino de esas personas que, durante años, han sido fieles colaboradores, o los dos millones de refugiados condenados a la miseria y la masacre.

De interés

Esta historia toca un tema plenamente actual: las consecuencias para la población civil de decisiones planeadas a miles de kilómetros guiadas por objetivos geoestratégicos, los también llamados “daños colaterales”. No es lícito jugar alegremente con vidas ajenas y cuando, por causas de fuerza mayor, sea necesario emplear la fuerza, hay que actuar de forma proporcionada, procurando minimizar al máximo los daños que puedan ocasionarse.

Los gritos del silencio es, por otra parte, un testimonio de primera mano para conocer unos desgraciados hechos, ocurridos hace apenas unos años, en los que una vez más se pone de manifiesto la sinrazón y las terribles consecuencias de las revoluciones basadas en utopías de corte filocomunista.

Paciencia

Después de ver Los Gritos del Silencio, llegamos a la conclusión de que el personaje en el que esta virtud se manifiesta en grado heroico es Dith Pran. A partir del momento en que es apresado por los jemeres rojos, debe soportar unas condiciones de vida inhumanas y las acepta con serenidad. Ni se vuelve insensible, ni tiene brotes de ira o cae en una tristeza estéril. Gracias a la paciencia es capaz de analizar con nitidez la situación y esperar el momento oportuno para salir de ella. No tiene prisa ni se deja llevar por el apasionamiento, dejando pasar varios años hasta que llega su oportunidad de escapar. Vemos en todo momento a una persona centrada y equilibrada, sin manifestación alguna de resentimiento. Su serenidad da confianza a los demás, por eso lo siguen a ciegas cuando toma la decisión de huir.

Viendo la capacidad de resistencia de Pran, corroboramos que su paciencia tiene sólidos anclajes en otras muchas virtudes, especialmente en la fortaleza. Constatamos que su actitud no tiene nada que ver con la mera pasividad ante el sufrimiento, pues como decimos es parte de la virtud de la fortaleza, lo que le permite mantenerse fiel a sus principios sin perder la grandeza de ánimo. El recuerdo de los seres queridos es un acicate para no abandonar la lucha por la supervivencia y manejar de modo inteligente la situación, dándole sentido al dolor y al sufrimiento. Consciente de que se encuentra en una situación muy difícil que no puede controlar, sabe esperar con calma, dándole tiempo al tiempo, pues sabe que cada día que pasa es una victoria, comportándose con dignidad en todo momento.

Durante los años pasados en cautiverio, no alberga resentimiento alguno contra Sydney por haber salido airoso de la situación dejándolo abandonado a su suerte. Esta paz interior le permitió mantener el equilibrio en todo momento. De hecho, cuando al final se ve libre y se produce el esperado reencuentro, asume personalmente la responsabilidad de lo ocurrido. Como periodista era su obligación permanecer en Camboya, a sabiendas de que eso lo conduciría seguramente a la muerte.
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